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miércoles, 3 de abril de 2013

Lo que dice la frase III 002 (2.0.0)


Acabo de agregarle al ensayo la parte 2.1, que venía trabajando desde el viernes o sábado:
Si de estas frases tomamos las iniciales de las palabras que las forman, obtenemos siete acrónimos recursivos, didácticamente encolumnados. Un acrónimo no es recursivo cuando se forma por la sucesión de las iniciales de otras palabras, y lo es cuando al menos una de las iniciales formadoras del acrónimo es la del propio acrónimo. En los siete casos que entretejen las tres frases, la inicial del acrónimo es la primera de las que participan de su formación. En otros casos, bien podría ser cualquier otra. Por ejemplo, la última: Unir Iniciales Formando UIFU; Acrónimo Recursivo Denominado ARDA. O la última y la sexta: La Última Inicial Del Acrónimo LUIDALELDAL Es La Del Acrónimo LUIDALELDAL.
Una recursión estructural no implica necesariamente una recursión semántica; dependerá de qué se diga ahí y sobre qué se lo diga. En un sentido estricto, para que haya auto-referencia el acrónimo formado y la palabra idéntica a él en el interior del acrónimo deben ser co-referenciales. Estrictamente, entonces, el único acrónimo recursivo auto-referencial de la serie es esa «auto-referencia de otro» que da Eduardo: el GNU del acrónimo y el GNU que se encarga de la inicial G dentro del acrónimo (y que juega de sujeto sobre el que se dice que no es Unix) son co-referenciales; ambos se refieren a eso que el acrónimo quiere designar. En cambio, el CESAR del acrónimo y el César que se hace cargo de aportar la C del acrónimo no son co-referenciales: uno se refiere a eso que el acrónimo quiere designar y el otro se refiere a una persona.
Lo mismo pasa con ELSA y Elsa y con EDUARDO y Eduardo, pero con algunas diferencias en relación con qué se dice. Lo que se dice de César (que «es su acrónimo recursivo») no se lo dice de la persona llamada así, sino del acrónimo CESAR; en cambio, lo que se dice de Eduardo (que «da una auto-referencia de otro») se dice de la persona llamada así, no del acrónimo EDUARDO. El otro es un caso mixto: el lamento se dice de la persona Elsa; lo lamentado, el «ser acrónimo», se dice de ELSA. Precisar qué es eso de lo que hablo (acá, categorizarlo como persona o como acrónimo) puede permitirnos distinguir de qué hablo (lo que es útil cuando hay dos o más designadores que se ven y se escuchan iguales).
Pero si aceptamos el juego especular que propone la recursión y el doble sentido de estos sujetos de predicación, si jugamos a que las apariencias nos engañen, entonces CESAR, recursivo por su armado, es también auto-referencial por lo que en él se dice de sí (insisto: asumiendo que César y CESAR son el mismo, lo que hacemos aun sabiendo que no son lo mismo). Su auto-referencia es por la positiva, verdadera (por autoevidente) y no indirecta. La de GNU es igual de directa, pero por la negativa y, si es verdadera, no lo es por ser autoevidente (necesitamos información adicional a la que nos da la frase jibarizada en una sigla que se volvió acrónimo para saber si es cierto que GNU no es Unix). La auto-referencia de ELSA también es por la positiva y autoevidente, pero indirecta: la afirmación de su «ser acrónimo» está implícita en la afirmación de su lamentarlo.
En cambio, lo que dice el ensamble de palabras cuyas iniciales forman EDUARDO es que Eduardo da una auto-referencia de otro acrónimo recursivo, no de sí: no es, por lo tanto, auto-referencial, no dice qué es él. Lo mismo vale para CHUG y para el BUCLE que hace («usando cinco letras encolumnadas», que son las de CESAR, no las cinco suyas). En los dos últimos, al menos, hay alusiones a la recursividad de las construcciones hechas; ni siquiera eso hay en el acrónimo recursivo CON.

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