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martes, 12 de mayo de 2020

La Pródiga 020 (7.2.0)



En la sección 4, cambié el párrafo donde está la cita de César Vallejo; hasta ahora decía esto:



A la fe ciega de Antonio en Julia, Francisca le opone la fe ciega en “sus leyes de aldea”, que “no son nuestras: es la ley de Dios”. Su ley nos iguala para abajo: a nadie se le permite compartir techo y lecho no bendecidos por la Iglesia, esposa de Cristo, Hijo de Dios; todos deben someterse a su consagración «y saber que donde no hay un Padrenuestro, / el Amor es un Cristo pecador!» (César Vallejo, “Amor prohibido”, en Los heraldos negros, 1919).



A continuación de su versión actual, lo siguen tres párrafos que acabo de agregar (y al siguiente le agregué los paréntesis de dominio doméstico, vital y comunitario):



   A la fe ciega de Antonio en el criterio y “voluntad de la Señora”, Francisca opone la fe ciega en “la ley de Dios”, que nos iguala para abajo: a nadie se le permite compartir techo y lecho no bendecidos por la Iglesia, esposa de Cristo, Hijo de Dios (la sagrada familia espiritual). Todos deben someterse a su aval «y saber que donde no hay un Padrenuestro, el Amor es un Cristo pecador» (César Vallejo, “Amor prohibido”, Los heraldos negros, 1919).
   Mientras fue una Magdalena jubilada, Julia Montes fue “algo sagrado”. El pueblo que la vio nacer la recibió como el padre bíblico al hijo pródigo (que gastó su herencia en Magdalenas) y lo que pasó en Europa se quedó en Europa. Lo que es acá, al menos hasta recién, ningún "amigo" la visita y “si algo malo le han dicho, será mejor que lo olvide”, como le responde José al chusma Guillermo del primer día (que en ese aislamiento social –expiatorio y voluntario: ni preventivo ni obligatorio– ve malgastarse una feminidad: no puede comprender “cómo una mujer así puede resignarse a esta vida”).
   Pero algo sagrado no es necesariamente algo divino (al revés, sí). Por muy sagrada que ella sea, está por debajo, precisamente, de la ley divina (y lex dei, lex populi). Es lo que le dice Francisca a Antonio ni bien Julia vuelve a la actividad: “Lo que está mal está mal, aunque lo haga la Señora”.
   Que no esté exenta de acatar esa ley pero que actúe como si estuviera por encima, como si no la incluyera, es parte de la tensión política que Julia tiene con el pueblo, del que participa rezando y prodigando, pero del que muestra no sentirse parte cuando de su felicidad personal se trata (le protestará a Francisca porque “quieren que les pida permiso para ser feliz” y “que me someta a sus leyes de aldea”).
   Si Francisca es la voz de la casa (dominio doméstico) y el cura la de Dios (dominio vital), la vox populi (dominio comunitario) son las dos comadres que ven pasar a la feliz pareja y murmuran su historia en el umbral: ...



En la sección 10, intercalé un bloque de acotación (interno) de tres párrafos y dos párrafos de nivel 1:



...pero a cambio “la tierra de los jardines pesa menos”).
   La pérdida fatal del ser amado puede ser aparente o real, pero en ambos casos demoledora: Romeo se envenena por creerla muerta a Julieta (no le llegó el aviso de que estaría narcotizada) y después ella se apuñala por saberlo muerto a él.
   Uno y otra renunciaron a sobrevivir a la pérdida de un amor correspondido; otros suicidas pasionales, a sobrevivir al rechazo (A no quiere amar a B) o a la pérdida de la correspondencia (A dejó de amar a B y eso B no lo pudo soportar).
   Ya no había correspondencia cuando Julia decidió matarse ni cuando se mató. Pero otra cosa es que esa falta haya sido la causa. Fue una falta, pero no esa.
   Julia se suicida después del desenamoramiento de Guillermo, pero secuencialidad no implica causalidad (al revés, sí). No se suicida por resultarle insoportable ese desamor, aun cuando se suicide apenada. Recordemos las circunstancias: Julia se suicida recién enterada de que su status no se apoya en ningún patrimonio y asediada por la voz reincidente del que no puede cometer la infamia de abandonarla.
   Sí, también se suicida con cariño; al menos así se despide de Guillermo, que está dormido y no se entera del beso en la frente. Pero Julia Montes no se mata por amor; se mata con esa súbita inanidad y cumpliendo lo prometido, lo que le ahorra a Guillermo cometer la canallada que la habría dejado sola y salva, como antes de conocerlo (y sin haberse enterado –al menos no por esa vía– de que era una falsa pródiga y una cabal pobre).
   En todo caso, si consideramos mantener una tensión entre...

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