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viernes, 29 de junio de 2012

Cuentas regresivas 005 (1.3.0)


Acabo de agregarle al ensayo la sección 2.4:

2.4

          Cementerio inactivo del antiguo pueblo minero de Incahuasi, hoy en ruinas (sudoeste del Salar del Hombre Muerto, noreste del departamento de Antofagasta de la Sierra, Catamarca, República Argentina)

          Cementerio activo del pueblo de Antofagasta de la Sierra (Catamarca, República Argentina) al 10 de enero de 2010

Si ese terror ante la visita de la muerte es signo de la mala o nula preparación para recibirla que ha hecho uno, el espacio vacante de un cementerio activo es signo de la preparación para la muerte de sus miembros que hace una comunidad, que a la vez es signo de sus previsiones –inmediatas o mediatas– de crecimiento (es decir, signo de su vitalidad).
Redundo. Es tan esperable que una comunidad no se prepare para su propia muerte como que se prepare para la de sus integrantes. Esta preparación excluye aquella: sólo una comunidad que se prepara para crecer puede ocuparse de actualizar la capacidad de su cementerio, de mantenerla proporcional a su tamaño demográfico.


sábado, 23 de junio de 2012

El reconocimiento 001 (1.0.0)



Cambios mayores en el ensayo. Le agregué su actual parte III (y, para adaptar el ensayo al agregado, cambié la última frase de la parte I: «Encarnemos estas relaciones y operaciones en dos argumentos, los de sendos episodios breves, casi apenas situaciones.»)

X es interceptado por F:
–¿X?
–¿Sí...?
–Soy F.
–¡F!
Por si hacía falta alguna prueba de que se madura más lento de lo que se crece, en ese cruce casual F reconoció a X, no X a F (o no antes de que F se presentara, aunque es cierto que fue inmediatamente después). F está por cumplir los mismos años que su padre y X tenían cuando nació. Es evidente que para F X no cambió tanto como para X F, a quien había visto por última vez con 10 años, hacía 12.
Mucho de su padre iba mostrando F al hablar y gesticular, en el breve diálogo que siguió; no sería raro que X hubiese experimentado, incluso leve o difusamente, una confusión temporal, como si hubiese debido hacer un esfuerzo extra para mantenerse ubicado en su tiempo. Más probable es todavía que a X le intrigue saber cuánto del actual F lo conecta con el de 12 años atrás, que puede ser equivalente a cuánto ya estaba, replegado, en el pibe que vio desde bebé y hasta cumplir los 10 años.
Incluso si X no hizo predicciones en su momento, todavía puede hacerlas, si apenas hace un minuto que están hablando: ¿cómo sería el F actual, según lo que X sabe de cómo era el F infantil? Como sea, X busca identificar a este F con aquel, además de con el padre de F. (Por cierto, X busca algo que a F no le costaría nada encontrar: la conexión entre el que es y el que fue, o sea, su reconocimiento en ese de 10.)
¿Necesita haber algún punto de continuidad entre aquella identidad y esta para que ambas pertenezcan a la misma historia y al mismo individuo? Y en caso de que X encuentre alguno de esos puntos, si los hay, ¿sería de nuevo como “percibir” una ráfaga rápida de identidades intermedias, las que cruza la conexión entre esta y aquella a lo largo de 12 años desconocidos? El caso sería aun más meritorio que con M, que en un intervalo similar tuvo cambios de maduración, pero no metamorfosis de crecimiento, como F.*
A los 10 años, F era hincha de un club que ahora está a un día de muy probablemente descender a la B, justo el día de su cumpleaños. ¿Qué es lo mejor que se le puede desear a F para ese día, además de que suceda lo menos probable? ¿Que no haya seguido siendo hincha de ese club (o porque se haya hecho hincha de otro o porque se haya desinteresado y desapegado del fútbol y de la suerte de su equipo de la infancia)? ¿Que haya conservado su pasión y sepa soportar lo mejor posible la tristeza o el golpe al orgullo del club de sus amores?


Y a la que era la última parte, la II, le eliminé este final:

Un clásico de las percepciones en inminencia de muerte es el relato de haber visto pasar la propia vida a gran velocidad pero con nitidez. A una velocidad mayor, que resulta oportunamente imperceptible, X recorre la última década de las caras de M, que no conoció, en el breve acto de reconocerla (una demora de segundos deja de abultar en la perspectiva del inmenso intervalo abarcado). Se dice que los ojos son la parte del cerebro que sale al exterior; por eso o por lo que fuere, las ilusiones conceptuales se parecen a las ilusiones ópticas.


lunes, 11 de junio de 2012

Cuentas regresivas 004 (1.2.0)


Acabo de agregarle otro bloque oculto detrás de un asterisco al ensayo, en la primera frase de la sección 3. Antes decía:
La preparación para la muerte puede darse con otros argumentos.

Ahora dice:
La preparación para la muerte (o sea, para la pérdida irrevocable de lo que atesoramos y/o de la posibilidad de atesorar)*
En un programa de radio, una vez Elizabeth Vernaci leyó un relato donde se comparaba la posesión del tiempo con la del dinero: así como no tenemos el dinero que hemos gastado, sino el que podemos gastar, no tenemos los años que hemos vivido, sino los que podemos vivir.
puede darse con otros argumentos.

También modifiqué levemente el comienzo del ensayo. Antes decía:
Hay límites que se convienen: “Te cuento hasta tres y si no venís...”. Podría haber sido dos, como en el límite menos convencional que es la celebración del cumpleaños entero si uno festeja su medio cumpleaños (obviamente, en lugar de 1 y 2 serían 1/2 y 1). Podría haber sido 10, como en una de las versiones de hasta cuánto hay que contar antes de responder, para controlar o atenuar la irritación.

Ahora dice:
Hay límites más convencionales que otros. Consideremos el de la cuenta de una amenaza de castigo materno: “Te cuento hasta tres y si no venís...”. Ese número podría haber sido 2, como en el límite menos convencional que es la celebración del cumpleaños entero si uno festeja su medio cumpleaños (obviamente, ahí los hitos de la cuenta, en lugar de 1 y 2, serían 1/2 y 1). O podría haber sido 10, como en una de las versiones de hasta cuánto hay que contar antes de responder, para controlar o atenuar la irritación.

Rediseño


Y ya que registré un cambio con dos semanas de antigüedad, aprovecho para registrar un conjunto de cambios que terminaron unos 6 meses atrás: los rediseños que le hice a Zambullidas durante diciembre (1, 2, 3, 4, 5) terminaron la primera semana de enero (de ahí data -creo que del 6 de enero- el texto "4. Estructuras y metáforas. Las razones de un menú" que por ahora cierra la Introducción.

Un experimento con Funes 006 (4.0.0)


El 26 de mayo agregué en el final de la sección "El análisis. Toma 1" del ensayo el asterisco con el subensayo desplegable "Invisibles y distinguibles".

Cuentas regresivas 003 (1.1.1)


Anteayer hice estos agregados y cambios en el ensayo:
1) Donde antes decía:
Pero a la vez (y en razón) de esa omnipresencia sin competencia en el universo de las cuentas regresivas, el cero es el límite de menor convencionalidad posible, el menos arbitrario, el más obvio para una cuenta regresiva, casi natural.

ahora dice:
Pero a la vez (y en razón) de esa omnipresencia sin competencia en el universo de las cuentas regresivas, el cero es el límite de menor convencionalidad posible, el menos arbitrario, el más obvio para una cuenta regresiva, casi natural: ¿a dónde mejor que al origen para volver? El destino es incierto, y eso hace a la arbitrariedad de los límites de cuentas progresivas; el origen, no (o menos), y eso hace a la cuasi naturalidad del límite de toda cuenta regresiva, el cero, que pasó de ser partida a ser llegada.

2) Donde antes decía:
el que no perece en el camino –el que no muere antes de lo esperado– termina atestiguando y experimentando que el camino tiene un final no prematuro)

ahora dice:
el que no perece en el camino –el que no muere antes de lo esperado, que es morir antes de agotar su potencial– termina atestiguando y experimentando que el camino tiene un final no prematuro)

3)Agregué el paréntesis con que termina esta frase:
con el que recobra su perfil la serranía (a continuación de esa comparación vuelve el estribillo con la suerte cíclica del día, una especie de ave Fénix).

Los números de sección pasaron de ser 2.1 y 2.2 a ser 3 y 3.1.

viernes, 8 de junio de 2012

Cuentas regresivas 002 (1.1.0)


Cambió la parte de "Tiempo de partir" en relación con la versión con que la introduje ayer. Ahora dice esto:
La preparación para la muerte puede darse con otros argumentos. El que habla en la letra de la canción y en la voz de Falú, para que pueda no importarle «el trance de partir», no se preparó despreciando su cuerpo ni deseando vivir con su alma sola, sino habiendo logrado «llenar cada minuto transcurrido con un claro vivir enamorado».
Con el logro es coherente el corolario de que la vida, que es «la muerte demorada», fue «sólo un motivo para haber amado». Lo hizo minuciosamente durante el «tiempo de amar», que ya ha vivido.
El que está viviendo ahora es el otro tiempo, el de «soledad, olvido y nada». (Las tres etapas de este segundo tiempo son pérdidas: del amor que lo había motivado y colmado tanto, del recuerdo de los otros y la memoria propia, y de la identidad y existencia.) Es «el corto tiempo que resta por vivir», la cuenta regresiva del «tiempo de partir», que «va señalando la urgencia de vivir como yo quiera» («si no pude encontrar la buena senda / prefiero equivocarme a mi manera»). Esta ética personal del trance es defendida en términos de un goce ansiado («el rigor del invierno justifica / el ansia de gozar la primavera»).
Justo cuando la canción termina de trazar la parábola de una vida, desde el amor a la nada, le monta al lado un ciclo natural, la «lenta agonía», muerte y renacer del día serrano. El montaje sugiere que la parábola puede ser la mitad de un círculo: de esa nada se puede «...regresar en el perfil de un niño / como ese amanecer que ha renacido», con el que recobra su perfil la serranía.
Este regreso es el tercer y último deseo póstumo del menú con que el hombre se despide, y al que le toca significar una trascendencia biológica. Los tres son deseos de sobrevida o continuación laicas. Los otros dos son permanencias: «en la memoria de quienes me han querido» –trascendencia afectiva– y «en los versos triviales que repita / con su cantar algún desconocido» –trascendencia artística–.

jueves, 7 de junio de 2012

Cuentas regresivas 001 (1.0.0)


Cambió mucho la sección 2.1. Ahora está dedicada a "Tiempo de partir". Eliminé párrafos y los que sobrevivieron fueron a integrar la sección siguiente. Hasta hoy se leía esto:

2.1

La preparación para la muerte puede darse con otros argumentos, sin siquiera tener que aceptar (ni creer ni necesitar ni desear) que nuestra identidad –y con ella nuestra existencia– sigue en otra parte y en otro estado o que reencarnamos en otros seres hasta alcanzar el desapego perfecto (extinguidas la preferencia –un deseo selectivo– y la necesidad, extinguido el temor a que no se nos cumpla ni se nos satisfaga, o sea, a frustrarnos). Puede adoptarse un sentido de la existencia finita que no ofrezca alguna trascendencia personal eterna (o sea, que no niegue ni relativice esa finitud), aun cuando incluya sucedáneos de esa inmortalidad nómade. Por ejemplo, un sentido que tenga la épica de una obra colectiva que nos sobrevivirá (nada peor ni tan difícil le puede pasar a uno con su salud existencial que sobrevivirle a su sentido de vida, como nos lo recuerdan los que se suicidaron por el fin del comunismo soviético).
Quienes no «desprecian su cuerpo» ni «desean vivir con su alma sola», entre quienes se cuentan los que no creen en la existencia del alma ni en un más allá, son inmunes al argumento que Sócrates le da a Simmias contra el miedo a la muerte y su correlato, el deseo de más tiempo de vida. Para quienes sí, es absurdo que «no marchen gustosos allí, donde esperan obtener los bienes por los que han suspirado durante toda su vida» (tantos beneficios hacen necesario dar una razón –kármica, pecaminosa, etc.– para no abreviar suspiros y adelantar el viaje).
Mientras todavía son socráticos y platónicos, cuatro siglos antes de Cristo, esos bienes «son la sabiduría y el verse libres del cuerpo, objeto de su desprecio». Cuando el argumento se cristianiza, los bienes son la vida eterna en convivencia o unión con Dios en el paraíso, «y el verse libres del cuerpo, objeto de su desprecio», gracias a haber alcanzado una existencia inmaterial (espiritual) imperecedera e incorruptible (espíritus, almas y fantasmas, inmateriales como son, no ocupan lugar, por lo que el cielo puede ser todo lo chico que se quiera, e incluso podría ni siquiera tener lugar, insumo que no está entre los de esas inmaterialidades).


Ahora está esto:

2.1


“Tiempo de partir” (letra: Albérico Mansilla;
música y canto: Eduardo Falú)


La preparación para la muerte puede darse con otros argumentos. El que habla en la letra de la canción y en la voz de Falú, para que pueda no importarle «el trance de partir», no se preparó despreciando su cuerpo ni deseando vivir con su alma sola, sino habiendo logrado «llenar cada minuto transcurrido con un claro vivir enamorado».
Con el logro es coherente el corolario de que la vida fue «sólo un motivo para haber amado», un motivo satisfecho durante el «tiempo de amar», que ya ha vivido. El otro, el de «soledad, olvido y nada», que es la cuenta regresiva que está viviendo con lucidez y sin patetismo, es el mismísimo tiempo de partir, «el corto tiempo que resta por vivir» y «va señalando la urgencia de vivir como yo quiera» («si no pude encontrar la buena senda / prefiero equivocarme a mi manera»).
Establecida y defendida la moral del trance, se despide con un menú de tres deseos, todos de sobrevida o continuación laicas (dos permanencias: «en la memoria de quienes me han querido» –trascendencia afectiva– y «en los versos triviales que repita / con su cantar algún desconocido» –trascendencia artística–; y un regreso: «...en el perfil de un niño / como ese amanecer que ha renacido» en el perfil de la serranía –trascendencia biológica–).

2.2

Quienes no «desprecian su cuerpo» ni «desean vivir con su alma sola», son inmunes al argumento que Sócrates le da a Simmias contra el miedo a la muerte y su correlato, el deseo de más tiempo de vida. Para quienes sí, es absurdo que «no marchen gustosos allí, donde esperan obtener los bienes por los que han suspirado durante toda su vida» (tantos beneficios hacen necesario dar una razón –kármica, pecaminosa, etc.– para no abreviar suspiros y adelantar el viaje).
Mientras todavía son socráticos y platónicos, cuatro siglos antes de Cristo, esos bienes «son la sabiduría y el verse libres del cuerpo, objeto de su desprecio». Cuando el argumento se cristianiza, los bienes son la vida eterna en convivencia o unión con Dios en el paraíso, «y el verse libres del cuerpo, objeto de su desprecio», gracias a haber alcanzado una existencia inmaterial (espiritual) imperecedera e incorruptible (espíritus, almas y fantasmas, inmateriales como son, no ocupan lugar, por lo que el cielo puede ser todo lo chico que se quiera, e incluso podría ni siquiera tener lugar, insumo que no está entre los de esas inmaterialidades).