El 26 volví de un cumpleaños con dos tandas de lecturas con ganas de releer "El botón 4", que podría haber leído pero no me decidí a pedirle un lugar en la segunda tanda al cumpleañero, que organizaba todo y presentaba a cada lector o lectora. Ya en casa, releí el ensayo y lo cambié un poco: le respeté la ausencia de sangría a comienzo de párrafo, pero le hice una separación de párrafos más parecida a las que hago ahora; y si bien no le cambié el sentido ni hubo "arrepentimientos" argumentales, le hice varios agregados y supresiones. Tal vez lo lea en el cumple del año que viene, para revivir un poco los momentos de lectura en los eventos de Medias y Sombreros. Hasta ayer (y muy probablemente desde su publicación, el 22-12-2008), el ensayo se veía así:
Supongamos que tengo un aparato con botones. El botón 3 dice que el oprimirlo destruirá el aparato; el botón 4 dice que revocará la acción del botón 3. Si en verdad el botón 4 tiene ese poder de reversión temporal, esta puede ser la n-ésima vez que se van a apretar los botones 3 y 4. Algunos creyentes del poder del botón 4 suelen invertir el razonamiento: la prueba de que tiene ese poder es que el aparato está ahí, recién revertido de otra conflagración. (En el relato “El informe de Brodie”, de Borges, como prueba del poder de convertir hombres en hormigas que tenían sus hechiceros, un yahoo le señaló un hormiguero al misionero escosés David Brodie.)
Si el 4 no tiene ese poder, los dos botones necesariamente están esperando su debut. Si tampoco tiene el botón 3 un poder de destrucción, su farsa encubre o acompaña la del botón 4, que nunca se verá en la necesidad de probar que puede lo que no puede. Y si el botón 3 tiene ese poder (nada muy difícil de hacer: basta con poner un explosivo con un detonador), el botón 4 tendrá la ocasión (la obligación) de hacer una demostración de su poder.
El sentido común dice que el botón 4 no estará ahí cuando se lo necesite. Esto a un tipo de fe no lo convence y resuelve confiar en que el botón 4 sabrá arreglárselas, que por qué iba a haber hablado, si no. No obstante, tal vez prefiere no poner innecesariamente a prueba su fe ni arriesgarse apretando el botón 3.
Pero un fanático podría pasar de la subestimación pasiva del poder del botón 3 a desear apretarlo, para probarles de una vez por todas a los incrédulos que el botón 4 no promete en falso.
Ahora el ensayo quedó así:
Supongamos que tengo un aparato con botones. El botón 3 dice que destruirá el aparato; el botón 4 dice que revocará la acción del botón 3. Apretando primero el botón 4 no pasa nada, porque no tiene sentido: no puede haber revocación de la destrucción si no hubo destrucción; no hay nada que revocar. Si fuera el botón de Deshacer de un software, estaría en gris e inactivo: imposible deshacer sin haber hecho un cambio que se pueda deshacer.
Si en verdad el botón 4 tiene ese poder de reversión temporal, esta puede ser la n-ésima vez que se van a apretar los botones 3 y 4 (en ese orden, el único que tiene sentido, sea o no posible / cierta esa reversión). Algunos creyentes del poder del botón 4 suelen invertir el razonamiento: la prueba de que tiene ese poder es que el aparato está ahí, recién revertido de otra conflagración.*
Si el 4 no tiene ese poder y el 3 sí el suyo, los dos botones necesariamente están esperando su debut. Si tampoco tiene el botón 3 un poder de destrucción, su farsa encubre o acompaña la del botón 4, que nunca se verá en la necesidad de probar que puede lo que no puede. Y si el botón 3 tiene ese poder y efectivamente destruye el aparato (nada raro ni difícil de lograr), el botón 4 tendrá la ocasión –la obligación– de hacer una demostración de su poder.
El sentido común dice que el botón 4 no estará ahí cuando se lo necesite. Esto no disuade a una persona de fe, que resuelve confiar en que el botón 4 sabrá arreglárselas, que por qué iba a haber hablado, si no. No obstante, tal vez prefiera no poner a prueba su fe ni en riesgo su fortuna apretando el botón 3 del valiosísimo aparato (rompe paga).
Pero un fanático podría apretarlo, para probarles de una vez por todas a los incrédulos que el botón 4 no promete en falso. Ahí está el aparato: o todavía no actuó el fanático o ya actuó más de una vez, quizás innumerables veces. El botón 4 puede no haber debutado o puede ser ya un experto revocador.

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