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miércoles, 29 de abril de 2026

El botón 4 003 (2.2.0)


   Acabo de decidir abrir otro ensayo actual y restituir la versión del 22-12-08. O dejar hasta acá los cambios hechos a "El botón 4" y a partir de acá hacer "El botón 4 engordado", con las líneas que quería seguir y me abstenía porque "El botón 4" tenía que mantener alguna brevedad. Ayer hice otros retoques a la última versión, que quedó así, que es como probablemente quede porque la use como la base del engorde:



Supongamos que tengo un aparato con botones. El botón 3 dice que destruirá el aparato; el botón 4 dice que revocará la acción del botón 3. Apretando primero el botón 4 no pasa nada, porque no tiene sentido: no puede haber revocación de la destrucción si no hubo destrucción; no hay nada que revocar. Si fuera el botón de Deshacer de un software, estaría en gris e inactivo: imposible deshacer sin haber hecho un cambio que se pueda deshacer.
Si en verdad el botón 4 tiene ese poder, esta puede ser la enésima vez que van a activarse los botones 3 y 4 (en ese orden, el único que tiene lógica, sea o no posible / cierta esa reversión temporal). Algunos creyentes del poder del botón 4 suelen invertir el razonamiento: la prueba de que tiene ese poder es que el aparato está ahí, recién revertido de una conflagración.*

En el relato “El informe de Brodie”, de Borges, como prueba del poder de convertir hombres en hormigas que tenían sus hechiceros, un yahoo le señaló un hormiguero al misionero escosés David Brodie.

Si el 4 no tiene ese poder pero el 3 sí tiene el suyo, los dos botones necesariamente están sin estrenar. Si tampoco tiene el botón 3 un poder de destrucción, su farsa encubre o acompaña la del botón 4, que nunca se verá en la necesidad de probar que puede lo que no puede. Y si el botón 3 tiene ese poder y efectivamente destruye el aparato (nada raro ni difícil de lograr), el botón 4 tendrá la ocasión –la obligación– de hacer una demostración de su poder.
A cualquiera le aceptarían su defunción como justificativo por haber incumplido un compromiso o un deber; al botón 4, no. Mal puede excusarse en haber sufrido una destrucción que ya estaba contemplada en la misión misma, justamente en calidad de objeto de la revocación prometida. ¿Cumplirá su promesa?
El sentido común dice que el botón 4 no estará ahí cuando se lo necesite. Pero esto a un tetrabotonista fiel no lo convence ni disuade; tiene una confianza ciega en que el botón 4 sabrá arreglárselas, que por qué iba a haber hablado, si no. No obstante, tal vez prefiera no poner a prueba su fe ni en riesgo su fortuna apretando el botón 3 del valiosísimo aparato (rompe paga). Pero un fanático del tetrabotonismo sí podría apretarlo, ansioso por probarles de una vez por todas a los incrédulos que el botón 4 no promete en falso.
Ahí está el aparato, entero: o todavía no actuó el fanático o ya actuó al menos una vez, y quizás muchas. El botón 4 puede no haber debutado, puede haber sólo debutado, puede ser ya un experto o puede estar en vías de serlo.

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