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viernes, 6 de julio de 2012

El reconocimiento 002 (1.0.1)


Acabo de restituirle al ensayo parte del final que le había quitado en la modificación anterior a la sección II:
Resumo y redundo. Un clásico de las percepciones en inminencia de muerte es el relato de haber visto pasar la propia vida a gran velocidad pero con nitidez. A una velocidad mayor, que resulta oportunamente imperceptible, X recorre la última década de las caras de M, que no conoció, en el breve acto de reconocerla (una demora de segundos deja de abultar en la perspectiva del inmenso intervalo abarcado).

Entusiasmos III 001 (0.0.1)


En el mismo libretón donde estaba el dibujo de Panda (y más boceto que dibujo) encontré otro dibujo de ese primer viaje al Sur: lo que veía cuando me sentaba a escribir en la orilla del lago Huechulafquen (debo tener alguna foto también). Lo agregué como meta del link "lago Huechulafquen", sección 1 del ensayo.
Sobre el final, agregué el paréntesis "(o en razón de)".

viernes, 29 de junio de 2012

Cuentas regresivas 005 (1.3.0)


Acabo de agregarle al ensayo la sección 2.4:

2.4

          Cementerio inactivo del antiguo pueblo minero de Incahuasi, hoy en ruinas (sudoeste del Salar del Hombre Muerto, noreste del departamento de Antofagasta de la Sierra, Catamarca, República Argentina)

          Cementerio activo del pueblo de Antofagasta de la Sierra (Catamarca, República Argentina) al 10 de enero de 2010

Si ese terror ante la visita de la muerte es signo de la mala o nula preparación para recibirla que ha hecho uno, el espacio vacante de un cementerio activo es signo de la preparación para la muerte de sus miembros que hace una comunidad, que a la vez es signo de sus previsiones –inmediatas o mediatas– de crecimiento (es decir, signo de su vitalidad).
Redundo. Es tan esperable que una comunidad no se prepare para su propia muerte como que se prepare para la de sus integrantes. Esta preparación excluye aquella: sólo una comunidad que se prepara para crecer puede ocuparse de actualizar la capacidad de su cementerio, de mantenerla proporcional a su tamaño demográfico.


sábado, 23 de junio de 2012

El reconocimiento 001 (1.0.0)

Cambios mayores en el ensayo. Le agregué su actual parte III (y, para adaptar el ensayo al agregado, cambié la última frase de la parte I: «Encarnemos estas relaciones y operaciones en dos argumentos, los de sendos episodios breves, casi apenas situaciones.»)
X es interceptado por F: –¿X? –¿Sí...? –Soy F. –¡F! Por si hacía falta alguna prueba de que se madura más lento de lo que se crece, en ese cruce casual F reconoció a X, no X a F (o no antes de que F se presentara, aunque es cierto que fue inmediatamente después). F está por cumplir los mismos años que su padre y X tenían cuando nació. Es evidente que para F X no cambió tanto como para X F, a quien había visto por última vez con 10 años, hacía 12. Mucho de su padre iba mostrando F al hablar y gesticular, en el breve diálogo que siguió; no sería raro que X hubiese experimentado, incluso leve o difusamente, una confusión temporal, como si hubiese debido hacer un esfuerzo extra para mantenerse ubicado en su tiempo. Más probable es todavía que a X le intrigue saber cuánto del actual F lo conecta con el de 12 años atrás, que puede ser equivalente a cuánto ya estaba, replegado, en el pibe que vio desde bebé y hasta cumplir los 10 años. Incluso si X no hizo predicciones en su momento, todavía puede hacerlas, si apenas hace un minuto que están hablando: ¿cómo sería el F actual, según lo que X sabe de cómo era el F infantil? Como sea, X busca identificar a este F con aquel, además de con el padre de F. (Por cierto, X busca algo que a F no le costaría nada encontrar: la conexión entre el que es y el que fue, o sea, su reconocimiento en ese de 10.) ¿Necesita haber algún punto de continuidad entre aquella identidad y esta para que ambas pertenezcan a la misma historia y al mismo individuo? Y en caso de que X encuentre alguno de esos puntos, si los hay, ¿sería de nuevo como “percibir” una ráfaga rápida de identidades intermedias, las que cruza la conexión entre esta y aquella a lo largo de 12 años desconocidos? El caso sería aun más meritorio que con M, que en un intervalo similar tuvo cambios de maduración, pero no metamorfosis de crecimiento, como F.*
A los 10 años, F era hincha de un club que ahora está a un día de muy probablemente descender a la B, justo el día de su cumpleaños. ¿Qué es lo mejor que se le puede desear a F para ese día, además de que suceda lo menos probable? ¿Que no haya seguido siendo hincha de ese club (o porque se haya hecho hincha de otro o porque se haya desinteresado y desapegado del fútbol y de la suerte de su equipo de la infancia)? ¿Que haya conservado su pasión y sepa soportar lo mejor posible la tristeza o el golpe al orgullo del club de sus amores?
Y a la que era la última parte, la II, le eliminé este final:
Un clásico de las percepciones en inminencia de muerte es el relato de haber visto pasar la propia vida a gran velocidad pero con nitidez. A una velocidad mayor, que resulta oportunamente imperceptible, X recorre la última década de las caras de M, que no conoció, en el breve acto de reconocerla (una demora de segundos deja de abultar en la perspectiva del inmenso intervalo abarcado). Se dice que los ojos son la parte del cerebro que sale al exterior; por eso o por lo que fuere, las ilusiones conceptuales se parecen a las ilusiones ópticas.


PD del 11/5/2022: En algún momento que no registré desoculté el párrafo que ahora vuelvo a dejar oculto y desplegable al cliquear en el asterisco con que termina el ensayo. A ese párrafo le acabo de agregar el paréntesis con que ahora termina: «...del club de sus amores (como le pasó a X a sus 15, en el cumpleaños −27 de Zambullidas)?». Al ensayo le agregué –con la autorización de F– un link a una foto donde estoy con el F de 10 años.

lunes, 11 de junio de 2012

Cuentas regresivas 004 (1.2.0)


Acabo de agregarle otro bloque oculto detrás de un asterisco al ensayo, en la primera frase de la sección 3. Antes decía:
La preparación para la muerte puede darse con otros argumentos.

Ahora dice:
La preparación para la muerte (o sea, para la pérdida irrevocable de lo que atesoramos y/o de la posibilidad de atesorar)*
En un programa de radio, una vez Elizabeth Vernaci leyó un relato donde se comparaba la posesión del tiempo con la del dinero: así como no tenemos el dinero que hemos gastado, sino el que podemos gastar, no tenemos los años que hemos vivido, sino los que podemos vivir.
puede darse con otros argumentos.

También modifiqué levemente el comienzo del ensayo. Antes decía:
Hay límites que se convienen: “Te cuento hasta tres y si no venís...”. Podría haber sido dos, como en el límite menos convencional que es la celebración del cumpleaños entero si uno festeja su medio cumpleaños (obviamente, en lugar de 1 y 2 serían 1/2 y 1). Podría haber sido 10, como en una de las versiones de hasta cuánto hay que contar antes de responder, para controlar o atenuar la irritación.

Ahora dice:
Hay límites más convencionales que otros. Consideremos el de la cuenta de una amenaza de castigo materno: “Te cuento hasta tres y si no venís...”. Ese número podría haber sido 2, como en el límite menos convencional que es la celebración del cumpleaños entero si uno festeja su medio cumpleaños (obviamente, ahí los hitos de la cuenta, en lugar de 1 y 2, serían 1/2 y 1). O podría haber sido 10, como en una de las versiones de hasta cuánto hay que contar antes de responder, para controlar o atenuar la irritación.